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Manual de uso del iluminador

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Éste es uno de los productos de maquillaje que, junto con otros más, debería incluir un manual de instrucciones. El iluminador es uno de esos cosméticos que requieren una extensa explicación acerca de muchas cosas. No es lo mismo resaltar el hueso del pómulo que tratar las zonas hundidas del rostro. ¿Quieres saber un poco más sobre este producto?

Para qué sirve el iluminador y para qué lo usamos; en qué ocasiones está recomendado (y en cuáles no); cómo resaltar también los ojos y los labios; cómo disimular un rostro cansado; cuáles son los principales errores a la hora de usarlo.

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El iluminador es un producto que se utiliza para iluminar el rostro. Según pasan los años, la piel va perdiendo luminosidad: o bien porque al perder tersura, la luz ya no rebota con la misma intensidad o porque algunas zonas del rostro –bajo los ojos o el pliegue nasolabial– se van hundiendo hacia dentro. ¿El mayor objetivo de este cosmético? Proyectar esas zonas hundidas y dar luminosidad a las que han perdido lozanía.

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Parece ser que hay dos tipos de iluminador: los que parecen correctores pero tienen muy poca o nada de cobertura, y los que tienen brillos y destellan al aplicarlos sobre la piel. Los primeros se usan para proyectar zonas hundidas, como bajo los ojos o el pliegue nasolabial; los segundos, como toque de acabado en la parte alta del hueso del pómulo o en el lagrimal para conseguir un “efecto glow”.

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Los primeros son perfectos para todos los días, ya que eliminan el cansancio del rostro de un modo muy rápido y natural. ¿Y los segundos? Los iluminadores de acabado hay que usarlos con discreción durante el día, para que no brillemos como bombillas. Y si tenéis la piel grasa debéis prestar especial atención de no saturar el efecto controlando los brillos de la zona T.

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El fin del iluminador es disimular un rostro cansado. Para ello, debes aplicarlo en las ojeras, en el pliegue nasolabial –allá donde se forma el rictus– y en cualquier zona que se haya hundido con el paso de los años –bajo los labios, por ejemplo–. Después, maquíllate con tu rutina habitual y aplica, al final, un toque de iluminador strobing en zonas de acabado como la parte alta del hueso del pómulo, bajo la ceja y el lagrimal.

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Uno de los errores más comunes es pensar que el iluminador, por sí solo, va a tapar las ojeras. Al no tener mucho poder de cobertura, se usa mayor cantidad y el resultado es una capa espesa bajo los ojos y un tono cetrino o grisáceo. Otra idea equivocada es pensar que podemos disimular una nariz prominente: con el iluminador estaríamos proyectándola hacia afuera y llevando la atención hacia ella.

 

22 mayo, 2017
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